Te acordas cuando de niño tu abuelita te contaba
que había unos duendecitos con orejas alargadas
que hacian, en la plaza, una rica mermelada?
Gratinaban la ciruela y la aplastaban a patadas,
pataleaban tanto y tanto que en un tiro resbalaban.
Patinaban, se caían, se partían (se reían)
pero como que les gustaba zapatear la mermelada.
Te acordas cuando tu abuela te contaba?
Que alegria que me daba, tu abuelita, la adoraba.
Te acordas de tu abuelita lo espantada que ella estaba
Esa vuelta que contaba que en mi casa me pegaban?
Me gritaban, me cargaban, me cagaban a patadas.
Me decían todo el tiempo que yo un poco loco estaba.
Pobrecita tu abuelita, amargada y angustiada,
se tapaba las orejas para no escuchar más nada
del maltrato, día a día, qué en mi casa yo sufría.
Pobrecita tu abuelita que desconsolada estaba.
Tu abuelita, apenada, con mil ojos me miraba.
Abrumada e indignada ella lloraba y pataleaba.
Yo reía carcajadas. Confundida ella miraba:
Es que parecía un duendecito haciendo mermelada.